Alberto Montero ha presentado su dimisión como secretario general de Podemos en Málaga: y es que, cuando el barco se hunde las ratas salen huyendo.

Las perspectivas electorales de Podemos en Málaga (como en el resto de España) son paupérrimas.

La formación -que irrumpió hace cuatro años recogiendo un tsunami de rechazo al sistema- va a resultar “la crónica de una muerte anunciada”, casi desde el principio.

Y es que el pueblo español no es tonto; o, al menos, no lo es del todo.

De aquel “Pablo Iglesias que venía a tomar el cielo por asalto” al que se integró en “la casta”, con casoplón de lujo y gemelos amamantados como infantes, sólo han pasado cuatro años.

Los bolivarianos se reconvirtieron a la socialdemocracia y el pueblo les ha dado la espalda como lo que son, como lo que eran (y no se dieron cuenta): falsos profetas.

Así las cosas el líder malagueño de Podemos vuelve a la Universidad, a la misma donde le “apañó” un trabajo de investigación a su coleguita revolucionario, Íñigo Rejón, que ni siquiera supo nunca donde estaba la puerta principal de la Facultad.

Ayer lo hacía público y también su reingreso en la Universidad de Málaga, de donde dejó de ser profesor de Economía Aplicada para reconvertirse a la “casta” en el Congreso de los Diputados.

Ahora que se le acaba “el chollo” y que sabe que no obtendrá de nuevo escaño, prefiere simular una salida voluntaria cuando es el pueblo el que lo echa a patadas, o el que lo devuelve a los toriles como a los toros mansos.

No se va porque quiere, se va porque Alberto Garzón –otro demagogo que ilusionó a buena gente necesitada de esperanza- le cierra el paso. Ante la pérdida de más de la mitad de escaños que presagia la formación morada, se ha hecho necesario el “maricón el último…”.

Mientras tanto Málaga, Andalucía, España… siguen necesitando de una auténtica opción antisistema, de una alternativa política que se enfrente al Régimen del 78 no para remodelarlo sino para echarlo de arriba hasta abajo.

Josele Sanchez
Directora de La Tribuna de Malaga

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