La inquisición de género, el poder y Foucault

por el profesor Carlos Roldán

Mi admirado Michel Foucault ejercía la profecía sobre las mutaciones del poder, tras la aparición del poder productivo y la Revolución industrial el ejercicio del poder ya no sería tanto una actividad punitiva(en términos de vigilar y castigar) sino una inmensa red preventiva donde todos los ciudadanos son susceptibles de ser continuamente educados y reeducados, confinados y secuestrados y siempre “por su bien” y para asegurar las garantías y derechos que él por sí sólo es incapaz de protagonizar. Es el poder “padre“.

Foucault centraba sus análisis en torno a la figura de la “peligrosidad social” y advertía, antes de morir, que este concepto se iría ensanchando cada vez más para enfocarse no tanto en singularidades de raza y religión sino que apuntaría a continentes cada vez mayores de población, sin necesidad además de una actividad delictiva o peligrosa previa, la mera pertenencia a un grupo social “señalado”  por el poder ya implicaría el desarrollo de todo un conjunto de dispositivos devigilancia y prevención sobre el sujeto.

Si toda la raza gitana ha sido víctima ya de este dispositivo de peligrosidad social (por cierto sin evitar para nada los casos de delincuencia ya que precisamente el discurso necesita que la haya para subsistir, en realidad a este tipo de poder no le interesa tanto los casos que fundamentan  el discurso como poder dirigirse precisamente a aquellos que son pacíficos y que en teoría deberían permanecer a salvo de la intervención del poder) ahora le llega el turno nada más y nada menos que a un género entero: todos los hombres somos potenciales violadores y maltratadores ya que nuestro ADN -¡atención, que la izquierda rechazaba las teorías lombrosianas como medievales en los años 70!-tiene un gen explícito de violencia.

Una parte del feminismo ha renunciado a luchar contra el orden patriarcal-que les llevaba a denunciar también a mujeres cómplices de la hipersexualización de la mujer o de cualquiera de los demás efectos de este orden- y por supuesto al orden capitalista que las sustenta como mercancía y ha sustituido esta lucha por la aspiración a EJERCER EL PODER desde perspectivas de género.

Es un microfascismo feminista

Este microfascismo ha renunciado a discutir las bases culturales del mismo concepto de género, como hacía la tradición de Judith Butler, para pasar a ser un dispositivo apuntalador precisamente del concepto de género, enfrascado en la definición precisa de qué es ser mujer y sobre todo en la reinvención de la masculinidad en términos de ontología débil. Pero sobre todo enfrascado en configurar a todo el género masculino como un virus peligroso, susceptible en potencia de ser dañino y por tanto carne de continua reeducación y si es necesario, de continua reclusión.

A nivel simbólico, todo asesinato de mujer por parte de un hombre apuntala al género entero. La novedad no está tanto en el aislamiento social del delincuente, que siempre fue así -es la figura del monstruo foucaultiano- sino que esta vez, todos los hombres somos mirados, incluso los que condenamos los hechos.

Además, como todo grupo “potencialmente peligrosose producen casos de auto-culpabilización, hombres que en las redes claman por ser reeducados con el objetivo de ser considerados “aptos” o “hombres buenos” por parte de las nuevas SS.

Las cifras además continuamente justifican esta ingente dilatación del concepto de peligrosidad social (Goebbels consiguió dilatar hasta todos los judíos, pero esta dilatación es mucho más impresionante):

49 mujeres muertas a manos de “hombres“, ni siquiera ya hablamos de “maltratadores”…

Si las cifras que apuntalan al nuevo dogma son mezcladas con otras igualmente ciertas que vendrían a cuestionar -no la necesidad de resolver el problema sino la emergencia del concepto de lo masculino como categoría peligrosa– entonces toda la maquinaria de aislamiento cae sobre el sujeto que se atreve: 31 hombres muertos a manos de mujeres el año pasado, decir esto, sea o no verdad, debe ser castigado ya que pone en cuestión el fundamento mismo del nuevo dispositivo de poder. 

Tenemos manuales de cómo se debe hablar, cómo se debe escribir, cómo debemos tener la “autorización” para poder mantener una relación sexual, y ahora además debemos gestionar todo asesinato de mujer desde cierta culpabilización ya que en nuestro ADN ese bicho aguarda el momento propicio para llevarnos a violar a una mujer. 

Por supuesto, este nuevo fenómeno, al igual que el terrorismo o el nacionalismo, genera un gigantesco movimiento de adhesión al sistema. “Todos contra el fuego“. Derechas e izquierdas, explotadores y explotados, hombres y mujeres unidos al Estado para extirpar este nuevo cáncer y todo hombre a partir de ahora deberá llevar en su currículum cursos de reciclaje para prevenir la violencia… cajas preparadas para rellenar por este nuevo concepto.

Por supuesto, por mucho que complejicen las redes de detección y vigilancia, por mucho que metan cámaras en todos los baños masculinos y nos hagan inyectarnos bromuro colectivamente para que nuestra libido se relaje en prevención, las muertes van a seguir, son necesarias para mantener este calculado y constante cuadro de intervención masiva. 

Cuando salgan las estadísticas de los niños muertos a manos de sus padres y madres dilataremos el concepto de peligrosidad social a todo el núcleo familiar y secuestraremos a todos los niños por su bien. ¿Qué no? Pues sabed que el número de víctimas es mucho mayor en este campo…

Y mientras…el capitalismo y el sistema intactos.

Que razón tenías foucault. 

Josele Sanchez
Desperta Ferro. Josele Sánchez

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