Artículo dedicado a Marcos, mi compañero de colegio que siempre quiso ser legionario; a lo que es y a lo que representa el general de La Legión Marcos Llago Navarro

Han llegado «tiempos nuevos«, desgraciadamente -y con toda la sinceridad políticamente incorrecta- tiempos peores.

Lo que antes eran valores y referentes morales de la sociedad española como el sacrificio, la disciplina, el honor, la camaradería, el patriotismo… parece, no sólo que han caído en desuso, sino que se han convertido en peligrosas amenazas para una sociedad entregada al buenismo más simplista, al pacifismo más demagógico, a la ausencia del sentido de la patria y a la más burda manipulación de nuestra propia historia.

Sin embargo (y para disgusto de políticos vendepatrias y lameculos) el sistema no ha conseguido desarraigar al pueblo de una de las instituciones más querida por los españoles: La Legión.

Y es que sólo en un pueblo como el español (como decía el poeta «la España de charango y pandereta, cerrado y sacristía, de espíritu burlón y de alma quieta, devota de frascuelo y de María…«), que ha desterrado por completo la FE, la patria, la gloria de sus gestas pasadas y el honor, esa misma sociedad española aborregada y sin alma sigue vibrando de emoción cada vez que brazos legionarios, brazos ennegrecidos por el sol, brazos fuertes, brazos heroicos y disciplinados, brazos viriles y tatuados, levantan el Cristo de Mena (para todos los españoles, porque a todos los españoles pertenece, «el Cristo de la Buena Muerte«).

Ningún politicucho puede poner fin al amor del español hacia su Legión

¿Cómo es posible ese amor tan contradictorio?

¿Cómo puede amar, una sociedad vacía de valores, a un cuerpo militar caracterizado por un «Credo Legionario» que es toda una definición de esas cualidades que el pueblo español desprecia?

El espíritu del compañerismo, el espíritu de la amistad, el espíritu de unión y socorro, el espíritu de marcha, el espíritu de sufrimiento y dureza, el espíritu de acudir al fuego, el espíritu de la disciplina, el espíritu de combate y el espíritu de la muerte… todo eso es lo que -acaso sin saberlo- pone la carne de gallina a millones de españoles cuando ven desfilar ¡a 120 pasos por minuto! a los más bravos y valientes soldados, a los herederos de la más gloriosa historia castrense, a esa Legión que sigue siendo de las pocas verdades que nos identifican aunque no figure reflejada en la política y mercadotécnica «Marca España«.



Llegaron los más casposos perroflautas que «iban a conquistar el cielo por asalto» y acabaron subiéndose al carro de «la casta« y comprándose casoplones en las más lujosas zonas residenciales.

Esos mismos, los que presumen de «pacifismo«, «haz el amor y no la guerra» y otras gilipolleces similares, quisieron cargarse la Semana Santa pero, un pueblo -que ha perdido la FE- milagrosamente no consintió que nadie le robara sus tradiciones.

Y, en Málaga, quisieron eliminar cualquier sombra de La Legión pero los malagueños, en masa (y millones de españoles pegados al televisor) no consienten perderse el desembarco del Tercio, el traslado del Cristo de la Buena Muerte y la procesión en la tarde del Jueves Santo.

Málaga: Bazar del Veterano

Con una humildad casi franciscana, en un minúsculo bajo en el número 18 de la malagueña Casa de Campos, un local con un pequeño rótulo advierte que uno se encuentra en el Bazar del Veterano.

Unos veteranos, unos Caballeros Legionarios que han entregado todo por servir a su patria (ahora en misiones internacionales, lejos de una nación que por no saber ni siquiera tiene conocimiento de dónde, por qué y cómo se juegan el gaznate sustropas) y que mantienen ese espíritu legionario vendiendo relojes, pulseras, botellas de vino, camisetas… recuerdos de esa Legión novia de la muerte, de esa Legión casada con Málaga, vitoreada por la mayoría de españoles cuyas vidas son antagónicas al espíritu y al Credo Legionario.

El otro día visité la capital de la Costa del Sol para reunirme con los compañeros de La Tribuna de Málaga. Como nuestros lectores saben, no puedo dar dos pasos sin un servicio de escolta que se juega la vida por salvar la mía y hacia quienes profeso una gratitud infinita; pero no imaginan lo pesado que resulta llevar a dos personas pegadas a ti hasta cuando vas al baño.

Así que, en una jugada que prometí no repetir jamás (y por la que sufrí una reprimenda como si fuera un chiquillo), pude dar esquinazo a mis guardaespaldas y me fui, cubierto por una gorra, una bufanda -que casi me tapaba la cara- y unas gafas de sol, a perderme por las calles de Málaga, a llenarme de su olores y de su luz, a tomarme una cerveza sentado en una terraza, a sentirme libre -aunque solo fuera por un rato-.

Y con estas pintas de bohemio o de colgado, topé con el Bazar del Veterano: lógicamente la cabra tira al monte y mi admiración por La Legión es tal (mi primer reconocimiento como escritor lo tuve con 17 años cuando, cumpliendo como voluntario el servicio militar, gané el Concurso Literario de las Fuerzas Armadas con un cuento breve -obviamente sobre La Legión- titulado «Viva la Muerte«), que no pude reprimir mis deseos de entrar a visitar aquel pequeño bazar.

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Allí conocí a Jesús, el Caballero Legionario Clavijo, un tipo más o menos de mi quinta que respira Legión hasta por los poros de la piel. Y, con lástima, comprobé en qué condiciones han de instalar un Bazar del Veterano que bien debiera ser una institución oficial, un museo, un reconocimiento a la historia de La Legión y un albergue para los Caballeros Legionarios ¡que son bastantes! a los que después de haber servido a su patria con lealtad, disciplina y honor, un destino cruel ha dejado sin techo y sin pan.

Ahora venden estas camisetas con el Cristo de la Buena Muerte, sólo 15 euros por lucir dos emblemas que identifican a Málaga tanto como La Farola y la Biznaga: su Cristo de Mena y su Legión.

Y el dinero se destina a ayudar a esos valientes legionarios, a esos soldados fieles que sirvieron con heroismo a la patria y a quienes, el mismo gobierno de España que asigna manutención y paga a todos los musulmanes que llegan «para reconquistarnos«, les niega el pan y la sal para vergüenza de la misma sociedad españolea, ese pueblo español que les aplaude, que vibra y canta junto a ellos «El Novio de la Muerte«, y que después les ignora, hasta permitir que muchos de ellos acaben en la mendicidad.

España siempre ha sido ingrata con sus mejores hijos.

Josele Sanchez
Desperta Ferro. Josele Sánchez

1 thought on “Málaga y La Legión: un matrimonio indisoluble

  1. Josele, lo tuyo no son los disfraces, te he reconocido incluso sin gafas. No sirves para espía, la honestidad te lo impide.

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